jueves, 10 de enero de 2019

Historia Final


Por la facilista decisión de hurgar la marca que dejó la urgencia de aquel deseo con el que tanto se habían sentido, se jugaron la altura de lo único auténtico que los unía: la oportuna distancia. 
En poco más de una hora ese 'todo' y ese 'tanto' que los definió durante años se diluyó en una 'nada', y a la madrugada se dieron cuenta que sus mentes y sus cuerpos ya no compartían nada más.

Resultaba impensado, ahora como otras tantas veces, en este caso tampoco el vino  había sido el amor. 

Ella lo intentó, pero en él ya no encontró lo que en un pasado la atropellaba con tanta fuerza. Y aunque él la recorrió completamente, la deshilvano, no pudo dar con esas latitudes que años atrás lo arrimaban siempre al deseo, a jugarse, a empuñar su paja eterna. 

Ahora ambos se sentían parte de una banda inapropiada. 

Se contaron historias como antes, historias donde había canciones que hablaban de panoramas vistos desde un puente. Del ruido de los letreros incandescentes a la madrugada. Hablaron de sus intentos de no morir fugados. Se explicaron un cúmulo de palabras mal vividas y peor rodadas. Por la espalda dejaron caer estigmas que se creyeron ilusiones y sueños que no consiguieron despertarse. Se besaron de cerca con todos los permisos caducados.

 Y se lamieron las tragedias otra vez. 

Pero en un pestañear, habían descendido a ese lugar fácil en el que lo liviano es lo que le da forma a lo impreciso y a lo efímero.
Aún no había salido el sol, sin embargo no les hizo falta más que diez segundos luego de ese saludo lleno de distancias, para darse cuenta de que ese rapto sólo les había servido para convertirse de ahora en adelante, en nada más que 'simples diferenciales'.

La tragedia.
La historia final. 

viernes, 28 de diciembre de 2018

El recuerdo quema




Soy mi propia proxeneta, y trafico por mis medios las siluetas que perdí. Las llevo del presente al pasado, del pasado al futuro, del futuro al cuasifuturo.
Yo prostituyo mis recuerdos intentando penetrarlos con algún sedante que los calme, uno de esos frascos genéricos, cuya indicación nos mande de regreso a donde fuimos.
Y aunque lo olvide, no dejo de recordar lo vivido, creo que comprendes, el techo sin buhardilla no sirve, nada se cierra sin un orificio que nos deje ver más allá.
Me podré ahogar en una borrachera típica de una idiota post-arrepentida, pero vos y solo vos sabes, que al fin y al cabo, no lo intenté porque no sé intentar o sé intentar de otra manera. 


Y en ese juego lo entendiste todo tan al revés.
Al revés.

Es por eso que tu tren se cargó se escoria, y el mío de leña para no poder olvidar.

Lo acepto.

Tal vez esta vez erré.